El síndrome post-derbi

«Cabeza bien alta, pericos. Desde hoy comenzamos a ganar el partido del próximo domingo. Nos vemos en casa, familia». Así se expresaba el camiseta Espanyol 2022 ya por la tarde del domingo en sus redes sociales. Y la plantilla, tras un día de descanso, iniciaba este lunes la semana con un entrenamiento a puerta cerrada –como de costumbre– y sin conferencia de prensa ni manifestaciones públicas. El mensaje es claro: el derbi forma ya parte del pasado, como único camino para intentar derrotar a la Real Sociedad, siguiente rival.

No se trata de una cuestión baladí para un Espanyol que en ocasiones anteriores ya se ha visto inmerso en polémicas muy similares tras medirse con el Barcelona y que, obviamente sin haber conseguido revertir ni las decisiones arbitrales ni los resultados adversos, se ha dejado engullir por sus consecuencias. El ejemplo más significativo de la bola de nieve que se va haciendo grande por los derbis se produjo hace cinco años, en enero de 2016, cuando como consecuencia de tres choques directos con el Barça –uno de Liga, dos de Copa– y no pocas controversias, encadenaron los pericos ocho jornadas sin ganar: seis derrotas, dos empates, 26 goles en contra y solo seis a favor.

Sin irse tan lejos en el tiempo, en el derbi anterior al del pasado sábado, no solo perdió el Espanyol la categoría el 8 de julio de 2020 con un 1-0 en el Camp Nou, sino que ya no volvió a ganar en lo poco que restaba de campeonato, si bien aquel equipo ya llegaba a Can Barça desahuciado anímicamente.

Acaso el faro que puede guiar a los pericos para pasar página rápidamente es lo que ocurrió tras el 2-0 en el Camp Nou en la temporada 2018-19, con Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ en el banquillo. Aquella derrota, a diez jornadas del final, fue la última que sufrió el Espanyol, que ahí encadenaría cinco victorias y cuatro empates hasta conseguir, en el último partido, la clasificación para competir en Europa.

Claro que aquel derbi no entrañó ninguna polémica. Alejarse de ellas es el reto de Vicente Moreno y los suyos. La Real Sociedad, líder hasta el pasado domingo, supone suficiente estímulo y motivo como para curar el recurrente síndrome post-derbi.

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